Historias Nómadas: Nicaragua

Historias Nómadas es una sección para el testimonio de otros viajeros. Siempre habrá destinos que no hayamos tenido oportunidad de visitar o rincones que se nos hayan escapado en nuestros viajes. Saber de la experiencia de otras personas es enriquecedor porque nos ayuda a entender otras maneras de viajar, otros enfoques y, por supuesto, también es muy útil para planificar nuestro viaje si algún día queremos visitar ese rincón del mundo.

 

Nómadas Raquel y Andrea
Viajan como…
Voluntarios de una ONG
¿Por qué Nicaragua?
Uno de los proyectos en los que trabajaba la ONG para la que éramos voluntarios en Alemania (Eine-Welt-haus, “La casa de un mundo”) se desarrollaba en Nicaragua. Tuvimos la oportunidad de viajar allí para colaborar y no nos lo pensamos.

En la cintura de América, entre Honduras y Costa Rica, Nicaragua es un país que parece escapar al radar turístico. Y sin embargo, esta tierra de lagos y volcanes fascina a quien la visita por su naturaleza exuberante, sus playas paradisíacas y sus coloridas ciudades de pasado colonial.

Raquel y Andrea, que quedaron cautivados por la belleza de este país centroamericano, nos cuentan su experiencia:

¿Cuánto tiempo estuvisteis en Nicaragua?

En total fueron cuatro semanas, desde finales de noviembre hasta mediados de diciembre de 2013. Volamos desde Barcelona hasta Managua, la capital de Nicaragua, y desde allí fuimos directos a San Marcos, una ciudad muy pequeña en el departamento de Carazo. San Marcos fue nuestro “campamento base” y allí es donde pasamos la mayor parte del tiempo.

¿Qué zonas de Nicaragua visitasteis?

Aunque estuvimos trabajando, la ONG organizó diversas salidas y tuvimos la oportunidad de ir a varias ciudades y de ir a conocer una plantación de café a las montañas. Visitamos Granada y los volcanes de Masaya, ¡impresionantes! El paisaje es verdísimo y, aunque la mayoría de los volcanes están inactivos, todavía queda uno “vivo” que expulsa gases. Además, aprovechamos cinco días libres para visitar la isla de Ometepe.

No todo el mundo se atreve a viajar como voluntario de una ONG. ¿Os gustó la experiencia?

Sí, la experiencia de voluntariado fue muy buena. El proyecto en el que nosotros trabajábamos como intérpretes (del español al alemán o viceversa) consistía en el intercambio cultural entre niños locales y niños alemanes, y fue muy enriquecedor. Los nicaragüenses son gente muy alegre y abierta, que tiene ganas de compartir, que se interesan por tí. Fue un viaje muy largo y hubo días en los que la falta de infraestructuras o la mala planificación nos hicieron pasar algún mal rato, pero la verdad es que, con perspectiva, quedan como anécdotas.

En Nicaragua se habla español, pero la cultura es muy distinta. ¿Tuvisteis algún malentendido?

[Risas] Bueno, los nicas no saben decir que no. Nunca niegan algo directamente o aceptan que no lo saben. Por ejemplo, nos pasó varias veces que, al preguntar a una persona por una parada de autobús, nos daba unas indicaciones que la siguiente persona contradecía. Al final, entendimos que cuando no saben algo no te lo dicen directamente.

¿Y qué tal entonces para orientaros?

Ensayo y error. ¡No había otra! Es verdad que nos movimos sobre todo por zonas rurales, así que al final siempre acabamos encontrando lo que buscábamos. Pero también está claro hay que ir con otra mentalidad. Allí las indicaciones no son precisas y se suelen parecer a algo así como “a dos cuadras del edificio de Correos”.

¿Qué nos decís del clima? ¿Qué ropa recomendáis llevarse?

Cuando nosotros fuimos era verano, aunque ellos lo llaman “época de no-lluvias”. Hacía calor, aunque en las montañas refrescó. Dudo que la temperatura bajara nunca de los 16ºC o 18ºC en el sitio más frío que estuvimos, pero aun así los nicas decían que “estaba helado”.

Recomendamos llevarse ropa que aquí en España llevaríamos en verano, pero también alguna prenda más abrigada por si acaso. Para las chicas que no quieran llamar mucho la atención, mejor si los pantalones cortos no son muy cortos, las locales  son más recatadas y las “chelitas”, como llaman a las extranjeras, ya llamamos mucho la atención por nuestros rasgos.

¿Qué es lo que más os gustó?

Ometepe, sin duda. Es un oasis, un paraíso. Además, vimos la parte sur, mucho menos visitada. Ometepe [que significa “dos montañas” en lengua náhuatl, ndr] está dentro del lago Cocibolca o Gran Lago de Nicaragua y es un regalo. Visitamos playas alucinantes y también hicimos una excursión a la cascada de San Ramón. Nos alojamos en Finca Mystica, una granja reconvertida en casa de huéspedes en las faldas del Volcán Maderas que se integra en el paisaje como si fuera un elemento más. Es casi mágico.

Llegamos a Moyogalpa de Ometepe en ferry desde Rivas (San Jorge) y desde allí cogimos dos autobuses locales que fueron toda una experiencia… Allí no hay paradas, así que le dijimos al conductor a dónde íbamos y prometió avisarnos. ¡Vaya camino! Había unas piedras enormes y parecía que el autobús, que era uno de esos clásicos autobuses escolares estadounidenses, fuera a romperse. Además viajábamos de pie, porque el concepto de asiento numerado tampoco es lo más habitual en según que lugares de Nicaragua. Estaba el autobús lleno y los que vendían los billetes gritaban en las paradas: “¡está vacío, está vacío!” [risas].

¿Qué hay de la comida?

Para nosotros, lo mejor fue el pescado y el marisco. Había mucha variedad y lo cocinaban diferente a como lo hacemos aquí. Además, ¡era grande y jugoso! Nicaragua es, en general, muy barato, pero en la comida se nota mucho: comimos langosta por 7€.

¿Volveríais?

¡Ya lo creo! Nicaragua vale mucho la pena, es naturaleza pura, no es peligroso y no está masificado, aunque la zona de San Juan, donde van los surferos, sí tiene más afluencia. Nosotros no hemos estado en Costa Rica, pero tenemos la sensación de que Nicaragua es tan o más bonita que su turística vecina.

¿Qué consejos le daríais a quien quiera ir a Nicaragua?

Managua ni pisarla, no vale la pena en comparación a la belleza del resto del país y algunas zonas pueden ser peligrosas. Es mejor evitar ir en tiempo de lluvias, nuestro verano. Y no está de más tomar ciertas precauciones contra los mosquitos, que allí pueden ser portadores de enfermedades.

 

Deja un comentario

No se publicará tu dirección de correo electrónico.