Historias Nómadas: Sudeste Asiático

Historias Nómadas es una sección para el testimonio de otros viajeros. Siempre habrá destinos que no hayamos tenido oportunidad de visitar o rincones que se nos hayan escapado en nuestros viajes. Saber de la experiencia de otras personas es enriquecedor porque nos ayuda a entender otras maneras de viajar, otros enfoques y, por supuesto, también es muy útil para planificar nuestro viaje si algún día queremos visitar ese rincón del mundo.

Nómada Sandra
Viajó…
Con una mochila, en avión, autobús, tren, tuk tuk o lo que fuera necesario para trasladarse. Acompañada de su amiga Núria.
¿Por qué el Sudeste Asiático?
Teníamos muy claro que queríamos recorrer el Sudeste Asiático como mochileras. Escogimos nuestra ruta (India > Indonesia > Laos > Camboya > Tailandia > Birmania/Myanmar > Malasia > Singapur > Vietnam en función de las tormentas y los monzones que se preveían.

 

En el Sudeste Asiático se concentra una gran variedad de culturas sobre un fondo de playas paradisíacas, húmedos bosques, templos antiquísimos, ciudades abarrotadas, montañas de un verde intenso y probablemente el tráfico más caótico del mundo. Sandra, que ya había viajado a la India y a Vietnam, decidió dejar su contrato indefinido y salir con una mochila de 40L a recorrer durante meses nueve países de esta región que cautiva a todo el que la visita.

Hemos charlado con ella para saber por qué alguien decide tomar una decisión aparentemente tan drástica y cómo es vivir tanto tiempo de viaje:

¿Por qué decidiste irte de mochilera?

Todo empezó cuando fuimos a la India (con Núria, que me acompañaría también más adelante). Nos gustó muchísimo, y un tiempo después fuimos de viaje a Vietnam. Allí conocimos a mucha gente que viajaba sin billete de vuelta, durante meses, y en varias ocasiones nos pillaron desprevenidas al preguntarnos que cuál era nuestro próximo destino: ¡casa! Les decíamos sorprendidas e intrigadas. Vietnam plantó en nuestras mentes la semilla de una idea que no tardó mucho en materializarse. Volvimos un mes de diciembre y el siguiente febrero ya teníamos decidido que nos íbamos a ir como mochileras. En agosto de ese mismo año, después de dejar nuestros trabajos y organizarnos… ¡Nos fuimos!

Las dos dejasteis el trabajo, ¿cómo se lo tomaron en casa?

Bueno, hay quien no lo entiende y quien sí. Para nosotras no era un viaje para encontrarnos a nosotras mismas o algo así, sencillamente necesitábamos un parón de muchos años de rutina. Habíamos pasado por momentos personales complicados, era el momento. Las dos teníamos muchas ganas de hacerlo y sabíamos que en solitario no nos hubiéramos decidido, así que nos animábamos mutualmente. Pensamos que o lo hacíamos o nos arrepentiríamos siempre.

¿Cuánto tiempo estuvisteis viajando por el Sudeste Asiático?

Siete meses [se ríe ante mi cara de sorpresa], desde agosto de 2013 hasta marzo de 2014. Empezamos el vieje siendo tres: Núria, un amigo de la época Erasmus y yo. Pero él tuvo mala suerte, se puso enfermo a las pocas semanas y tuvo que volver.

Oye, ¡pasasteis la Navidad de viaje!

Sí, estábamos en un pueblo de Tailandia que se llamaba Pai y nuestra cena de Navidad fueron unos pinchos de pollo [risas]. ¡Estuvo bien!

¿Por qué elegisteis esos países y no otros?

Empezamos por la India porque nuestro compañero de viaje no había estado nunca, le apetecía y nosotras somos unas enamoradas del país, así que volver nos pareció buena idea. Lo malo es que llegamos después de un monzón: Varanasi estaba inundada con templos y casas enteras bajo el agua. Pero planificamos nuestra ruta en función de las temperaturas, monzones y consejos de blogueros.

En algunos países hicimos más ruta turística, mientras que en otros nos tomábamos el viaje de forma más tranquila. En Tailandia, por ejemplo, visitamos muchas ruinas y en Laos, en cambio, pasamos entre tres y cuatro semanas visitando las 4.000 islas de manera muy relajada.

Si en un viaje corto surgen impedimentos, ¡en uno tan largo debe haber más! ¿Tuvisteis momentos difíciles?

Está claro que siempre hay algún momento menos bueno. La mayoría de las veces tenía que ver con no encontrar el medio de transporte que queríamos, coger buses o trenes malolientes, tener que pelearnos con conductores de taxi o tuk tuk que nos intentaban timar, dormir poco, no tener ganas de buscar un alojamiento decente, olviar el nombre del pueblo al que queríamos ir… Pero al final todo se solucionaba y al final sólo quedan las risas.

Yo, sobre todo, aprendí a relajarme. Porque efectivamente tienes que cambiar tu manera de ver las cosas. Por ejemplo: cruzamos la frontera entre Tailandia y Birmania/Myanmar caminando, porque la furgoneta que nos llevaba no la podía cruzar. Así que nos dejaron en un pueblecito y desde ahí la pasamos andando hasta Tachileik, una pequeña ciudad en las montañas birmanas. Y si eso ya nos pareció raro, lo que nos pasó después todavía lo fue más.

Queríamos ir a Mandalai, una ciudad más hacia el oeste y más cercana a la costa, así que preguntábamos a la gente de Tachileik por la estación de autobuses. Nadie nos entendía, o no nos quería entender, y decidimos ir a una agencia de viajes. Sólo nos ofrecían billetes de avión y pensamos que nos estaban engañando, pero con nuestro ordenador y un rato de WiFi descubrimos que el problema era que Tachileik y Mandalai estaban separadas por un territorio prohibido de uso militar. A nuestro pesar, ¡tuvimos que gastarnos los 150€ que costaba el billete de avión hasta Mandalai! Llevábamos un presupuesto de 20€ diarios por persona y esto nos descuadró mucho las cuentas.

Lo que me lleva a un tema importantísimo para viajar. ¿Cómo os organizasteis a nivel de presupuesto?

Soy Licenciada en Economía e Investigación y Técnicas de Mercado, así que éste es un territorio en el que me muevo bien [sonríe]. Abrimos una cuenta bancaria conjunta y decidimos cuánto nos queríamos gastar como máximo. Después calculamos el presupuesto diario que mencionaba, 20€, y siempre anotábamos nuestros gastos. Pero está claro que hay cosas por las que merece la pena saltarse el presupuesto, como Angkor Wat (compramos un pase de tres días, ¡en uno no da tiempo!). O un curso de submarinismo que hice en una isla vietnamita. En el caso del billete hasta Mandalai, por ejemplo, optamos por compensar los días siguientes y tratar de buscar alojamientos más baratos, comer en puestos callejeros, etc.

¿Qué tal el tiempo? ¿Qué ropa os llevasteis para un viaje tan largo?

Nuestro viaje fue un verano eterno, con una temperatura media de 30ºC. Sólo me puse el único pantalón largo que llevaba en un pueblecito de montaña. Sobre la ropa… viajé con una mochila de 40L y otra más pequeña que utilizaba a modo de bolso (y que tenía que llevar hacia delante cuando llevaba las dos). Con las temperaturas que tuvimos no hacía falta llevar gran cosa: un pantalón largo, tres cortos, unas zapatillas de montaña y unas chanclas. Hacíamos la colada a mano en los alojamientos en los que nos quedábamos o, si íbamos mejor de dinero, usábamos el servicio de lavandería del hotel. En Malasia fuimos mucho a la lavandería: ¡ya estábamos más cansadas!

¿Y la comida?

Para mí, que hay muchas cosas que no me gustan, ¡mucho arroz! Y noodles, pollo y ternera. Y arroz con pollo. O noodles con ternera. O ternera con pollo. ¡Cualquier combinación entre esos elementos! [risas] Núria comió mucha verdura. También descubrimos muchas frutas que aquí no tenemos y comí más mango que nunca.

Ésta es difícil. ¿Qué es lo que más te gustó?

Intentaré remarcar qué es lo que más me gustó de cada país, así que iré por partes:

  • Koh Rong (Camboya): Bañarme en el mar por la noche y disfrutar del plancton luminiscente. Aparentemente el mar está tranquilo sin más, pero en cuanto empiezas a remover el agua… ¡el plancton brilla! Y claro, te pones a nadar como una loca, FLIPAS. Había una chica con nosotras, creo que era polaca, que repetía que era como tener la Navidad en las manos.
  • Ching Mai (Tailandia): El espectáculo de luces de fin de año, un festival de linternas
  • Perhentian Island (Malasia): ¡Paraíso! Nos movíamos en barco-taxi, ¡un placer!
  • Gili Trawangan (Indonesia): ¡Nos compramos tubo y máscara para ver pececitos en la playa y de repente pasó un tortugón por delante! Al día siguiente hicimos una excursión sólo para ver tortugas, pero la primera se nos quedó grabada en la retina. En este lugar las puestas de sol eran increíbles.
  • Bali (Indonesia): Pequeño road trip, alquilamos un coche durante una semana para ir a visitar los principales templos de la isla, a cada cual más bonito. Fue una aventura conducir por la izquierda por sus carreteras envueltas de vegetación exhuberante, todo un ejercicio de concentración el no quedarse embobada mirando alrededor. Los campos de arroz de Bali son espectaculares.

  • Koh Tao (Tailandia): Da igual hacer snorkel o submarinismo, el panorama bajo el agua te deja sin aliento.
  • Kao San Road, Bangkok (Tailandia): Es una calle mítica de Bangkok, o la odias o la amas. Yo la amo, la considero casa. Hay mucha gente, mucho caos, mucho turista también. Pero la adoro.
  • Varanasi (India): Ver niños jugando con sus cometas en los tejados, procesiones transportando cadáveres a los crematorios, rituales al lado (y dentro) del Ganges, hacer un paseo en barca al amanecer por el río. Dicen que es una ciudad sagrada y es fácil entender por qué.
  • Bagan (Myanmar): Subir a un templo alto al atardecer y ver que hay templos hasta donde te llega la vista, imposibles de contar.
  • Luangprabang y las 4000 islas (Laos): Aquí nos dejamos llevar y descansar. Dimos paseos en bici, hicimos excursiones en moto para visitar cascadas, vimos ceremonias budistas al amanecer…
  • Myanmar, en general: Acabábamos el día con dolor en las mejillas por estas todo el día sonriendo, nos sentimos tan acogidas y tan felices…
  • Angkor What?, un local de copas en Siemp Reap (Camboya): Es un un bar mítico para guiris, pero allí hicimos amistades que todavía duran.
  • Angkor Wat (Camboya): ¡Por supuesto!
  • Navidad en Pai (Tailandia): Además de nuestros pinchos de pollo, empezamos un curso de yoga y meditación.
Es imposible no soñar después de esta lista tan completa… ¿Volverías?

Sí, ¡a todos los sitios, también los que no están en la lista!

¿Qué consejo le darías a alguien que quisiera hacer algo así?

Allí podrás encontrar de todo, así que te puedes ir hasta sin maleta. A pesar de que son países menos desarrollados, todas las necesidades básicas están cubiertas. ¡Es muy fácil irse, lo único difícil es tomar la decisión!

 

*Si os ha gustado la historia nómada de Sandra y queréis saber más, podéis echar un vistazo al blog que mantuvieron con su amiga Núria durante el viaje: “Nos aconsejan no viajar… ¡y nos da igual!“.

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