Orgosolo, de los bandidos a los murales

¿Y si un nido de bandidos, el lugar más peligroso del mundo, se convirtiera en referente de arte urbano reivindicativo?

La realidad siempre supera la ficción, y Orgosolo, una localidad encajada entre las montañas del centro de Cerdeña, responde orgullosa a la pregunta: ¿Y qué si así fuera?

Hasta los años 70, Orgosolo ostentaba el dudoso honor de ser la localidad más peligrosa del mundo. De una población de unas 4.500 almas, 500 personas fueron asesinadas desde el final de la guerra (en 1945) hasta principios de los 70. El escritor británico Julian Evans explica en su libro Semi-Invisible Man la historia del asesinato de dos de estas personas; Edmund y Vera Towley, una pareja de turistas ingleses que tuvieron la mala fortuna de hacer un picnic justo donde los bandidos solían enfrentarse en duelo.

Pero Orgosolo ha cambiado las vendettas por los murales. Cuando amenazaron con contruir una base militar en las cercanías, un profesor local animó a sus estudiantes a manifestarse en contra de una manera muy inusual en la zona: pintando murales. Y lo que empezó como una protesta estudiantil sirvió de catalizador para manifestar todo tipo de injusticias sociales.

Hoy ya no es peligroso pisar sus calles y son más de 150 los murales que cubren las paredes de esta localidad ante los boquiabiertos visitantes, a quienes cuesta encajar el colorido de los murales junto a señales y paredes con lo que son, sin duda, agujeros de balazos.

Orgosolo es una muestra clara de que es posible reescribir la historia, y aunque con sus murales se ha ganado un sitio en guías de viaje y blogs como éste, perdura la naturaleza indómita del espíritu de una región que los romanos no bautizaron casualmente como “Barbaria”.

 

 

 

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