Si viajas al desierto, no olvides el turbante

Tráete un foulard de casa o cae en la tentación de comprarte un turbante allí donde vayas. Pero no vayas al desierto sin turbante.

Aunque nos imaginemos el Sáhara como una extensión infinita de dunas, el desierto (cálido) más grande del mundo no es ni mucho menos uniforme. Hay dunas, sí, pero sobre todo hay hamada (desierto pedregoso), mesetas rocosas, llanuras de grava, valles secos, salinas y también algún oasis. En el sur de Marruecos se encuentra el famosísimo Erg Chebbi, un campo de dunas junto a Merzouga. Un erg es, literalmente, un campo de dunas. Y el Erg Chebbi es uno de los más visitados del Sáhara, porque sus dunas doradas, cambiantes, algunas tan altas como montañas, son la viva imagen de la visión idílica del desierto. Es aquí donde miles de visitantes disfrutan cada año de paseos a camello, amaneceres y atardeceres idílicos. Salvo, claro, cuando el mal tiempo hace su aparición.

Lo cierto es que un turbante te será de utilidad en cualquier desierto del mundo, pero queremos introducirte al Sáhara porque fue allí donde aprendimos su importancia. No sabemos si fue invención de los bereberes, de los tuareg, o si es algo que se ha utilizado en el norte de África desde tiempos inmemoriables (la opción más probable). Que no te quepa duda: que se utilice tanto no es ninguna casualidad. Si has experimentado alguna vez una tormenta de arena, sabes de lo que hablamos.

El viento empieza a soplar y estás rodeado de arena finísima que comienza a formar remolinos, baila sobre el suelo y se levanta como si nada. Da igual si estás en una carretera. Pronto dejarás de verla. Y cuando arrecia, no importa que cierres los ojos, la boca, o sueñes con poder cerrar también tus oídos: la arena se te cuela por todos los orificios, entre la ropa, en los ojos. Incluso dentro de un coche notarás un intenso olor a tierra, ¡ay de tí como bloquee los filtros del vehículo!

Y no hay prenda occidental que valga. Lo que te tienes que poner en caso de tormenta de arena es un turbante. Su forma tradicional dificulta el paso de la arena hacia tus oídos y tu boca, e incluso hasta a tus ojos si te lo calas bien. Combínalo con unas gafas en un estilo de “tuareg contemporáneo” para protegerte todavía más y pasarás el mal rato más fácilmente. Si has caído en la tentación de comprarte un tradicional pañuelo azul, quizá la tela destiña un poco sobre tu cara y te conviertas en tuareg por un día. ¿Adivinas ahora por qué los llaman la gente azul?

Como toda costumbre muy extendida, ponerse un turbante tiene mil técnicas, todas válidas. Aquí te dejamos un enlace que muestra la manera que nos enseñaron a nosotros en Merzouga.

Y como es importante buscar el lado positivo de las cosas, te contamos un secreto. Al día siguiente de una tormenta de arena, el desierto estará como recién montado, impoluto, esperándote.

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